.

.

30 de abril de 2011

Debo confesar que me gusta, intriga y hasta entretiene el roze de las manos. El escalofrió que te da por el cuerpo o ese sentimiento. La suavidad y la pasión que se esconde, los secretos y lo evidente. Cantidad de momentos en un instante. También las miradas furtivas, esas que son juguetonas, que te buscan, que te observan sin querer y queriendo que te des cuenta. La incertidumbre que hay detrás de ellas, la soledad y los miedos que llegas a percibir, las que te piden a gritos y en silencio: “mirame”. Las sonrisas que entran en el juego, sonrisas cómplices, sonrisas picaras, desesperadamente deseables.
Gestos que te llegan, gestos que quieren causar algo que sabes pero no podes descubrir. Gestos que son obvios. Pero definitivamente siempre necesitamos las palabras, a veces estupidas e innecesarias para darnos cuenta de que es lo que se pretende.
Tentación de lo indescriptible.

No hay comentarios:

Publicar un comentario