“Quiero hacerme un tatuaje!” Mientras lo decía miraba para
abajo y jugaba con un papelito que tenía en las manos.. “Y quiero que vos me
acompañes.” Seis palabras fueron suficientes para ponerme nerviosa. Empecé con
las preguntas: donde? Qué? Porque eso? Estas segura? Mira que te va a quedar
para toda la vida! Porque yo? Es un momento que no te lo vas a olvidar mas.
Estas segura? No le daba tiempo a que termine de responder nada hasta que me
freno y me dijo: que te pasa? Para un poco! Seguido de un “Obvio que estoy
segura y no me imagino con ninguna otra persona que no seas vos en ese momento.
Vos queres?” No respondí e intente evadir el tema varios días. No la sentía segura
o quizás las dudas me invadían a mí.
El Martes me despertó para que vaya a trabajar, me acomode con la cara contra su panza para que no me diera la luz y la abrace, fue justo en ese momento que acepte acompañarla; mientras me acariciaba la espalda y me tocaba el tatuaje.
El Jueves organizo todo en el laburo y trabajo conmigo a la mañana, para que a la salida pudiéramos ir. La lleve donde me tatúo, donde siento uno de los lugares mas cómodos donde estuve. Tomamos una cerveza, fumamos unos puchos y me preguntaba porque estaba tan simpática. Empezaron a tatuarla justo cuando en la radio sonaba Princesa de Las Pastillas, “Joa, escucha. Me muero!”. Yo también.
El Martes me despertó para que vaya a trabajar, me acomode con la cara contra su panza para que no me diera la luz y la abrace, fue justo en ese momento que acepte acompañarla; mientras me acariciaba la espalda y me tocaba el tatuaje.
El Jueves organizo todo en el laburo y trabajo conmigo a la mañana, para que a la salida pudiéramos ir. La lleve donde me tatúo, donde siento uno de los lugares mas cómodos donde estuve. Tomamos una cerveza, fumamos unos puchos y me preguntaba porque estaba tan simpática. Empezaron a tatuarla justo cuando en la radio sonaba Princesa de Las Pastillas, “Joa, escucha. Me muero!”. Yo también.
Esa primer cerveza se convirtió en cinco, en el mismo lugar, entre risas y felicidad. Mi barrio, el barrio de mi infancia, al que hace tiempo no iba, las calles, la gente, mis ojos y ella. “Estoy feliz!” me decía y la invite a caminar tranquila, despacio, en compañía mientras le contaba cuando era chiquita. No solo fue importante para ella.
Empezó a oscurecer, frenamos un taxi y subimos, dijo a dónde íbamos, respire, suspire y me acerque a besarla, sin querer parar, “No te suelto más!”. Fue raro, un beso de esos donde se mezcla todo. Me preguntaba donde estábamos, mientras le explicaba, se acerco y me beso de nuevo. No nos soltábamos, tampoco queríamos.
Llegamos y me despidió con otro beso en la boca.
Jugamos.


No hay comentarios:
Publicar un comentario