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16 de septiembre de 2012

El café.

El olor a café es olor a ciudad, a rutina, a obligaciones, a desamor, a velorio, a gente mayor.
Siempre mencione que no me gustaba la rutina, que bajo presión no funciono. Las escapaditas al campo eran para visitar a los parientes que viven casi en “otro mundo” más tranquilo, ver a mis primos y que me llenen.. de abrazos y amor.
Pero las cosas cambian. (Todavía no me decido si las personas también lo hacen o no.)
Al día de hoy no comprendo que una pendeja de 20 años, irresponsable, malcriada, creída, altanera, rebelde pueda cumplir con todas las obligaciones que casi se le impusieron. El laburo de 8 a 14, la facu de 16 a 22, la ducha antes de la cena, noches enteras de estudio porque me tome unos días para descansar, el celular ya no suena ni vibra porque me tensiona, el celular hace lucecita cuando no esta apagado (no respondo porque no me dan ganas de responder, no me dan ganas de hablar con la gente y me chupa un huevo si les molesta.), presiones en el laburo porque soy su amiga y según mi vieja no la puedo hacer quedar mal, presiones por todos lados y me gustan tanto, me enloquecen. Me contradigo.
Las escapadas al campo ya no son para buscar afecto, son para perderme en el tiempo y en la vida. Fumar faso y chupar todo el día sin la mínima noción del tiempo. Para buscar paz, que en este momento eso lo es.
Cuando vuelvo, la piba labura y estudia. Perdida.
A veces juego a que tengo dos vidas o más.
Y el café es el que me une con las dos. Me hace encontrarme. Sera por eso que me gusta tanto en cualquiera de sus versiones.

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